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“AUNQUE CAMINE POR VALLE DE SOMBRAS DE MUERTE, NADA TEMERÉ, PORQUE TÚ ESTARÁS CONMIGO”

A 03 de noviembre de 2014.

“SALMOS 23:4. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me confortarán”

 

 

Aunque camine por valle de sombras de muerte, nada temeré, porque Tú mi Dios, estarás conmigo.

 

Aunque ande en valle de sombra de muerte,

no temeré mal alguno;

porque Tú estarás conmigo;

tu vara y tu cayado me confortarán;

y me librarán de todo enemigo;

y de todo mal me protegerán.

 

Oh, mi Dios compasivo y misericordioso, creo en Ti.

 

Oh, Señor de los mundos, yo confío en Ti. Porque sé que siempre estarás conmigo. Porque después de andar perdido y extraviado por este mundo, al fin te he encontrado. Y ahora sé, que siempre has estado ahí, sin yo saberlo. Siempre mi Dios, has formado parte de mí y de mi ser, sin darme cuenta en mi ignorancia de ello. Porque cada vez que nos miramos mundanamente a nosotros mismos, desviamos nuestra mirada de Ti. Porque sé que, cada vez que nos oímos mundanamente a nosotros mismos, dejamos de escucharte a Ti. Porque he aprendido que, siempre que mundanamente nos sentimos a nosotros mismos, dejamos de percibirte a Ti. Perdóname por haber sido tan ciego a pesar de que te mostraste tantas veces delante de mí. Perdóname por ser tan sordo, a pesar de todos tus arrullos cariñosos.

 

Perdóname mi buen Dios, porque a pesar de demostrarme tantas veces que estabas ahí cuando más te necesitaba, yo enseguida lo olvidaba, y de nuevo volvía corriendo a desear refugiarme en la corriente corrupta mundana.

 

Perdóname mi Dios todopoderoso, porque a pesar de ser tan cobarde y débil, y traicionarte tantas veces, me has perdonado siempre que he vuelto mis ojos, mis oídos y mis sentidos, hacia Ti. Siempre que te he buscado, te he encontrado. Y siempre que te buscaba era porque yo te había perdido. Y siempre que te buscaba era porque yo andaba perdido.

 

Tú siempre estás ahí, como el faro marítimo más potente y alto, que se ve en todo este mundo, para guiarme en las noches extraviadas por todas mis dudas, de mi falta de fe, de los extravíos producidos por mis mundanos deseos y pasiones.

 

Siempre estás ahí, oh Faro Luminoso, que se te escucha en las noches de intensa niebla, cuando mis emociones y sentimientos mundanos, hacen que se extravíen mis alborotadores y amotinados pensamientos, y confundan a mi aturdida conciencia. Tú mi buen Faro, siempre estás ahí, aunque las telarañas que mis propias manos tejen en mis ojos, y los tapones cera en mis oídos, no me dejen oírte y verte.

 

Tú mi buen Faro, siempre estás ahí, aunque mi cobardía y debilidad, solo me den fuerzas para darte la espalda, y poner rumbo hacia las tinieblas mundanas de mi alma.

 

Oh, mi buen Dios, perdóname por tener que pedirte tantas veces perdón.

 

Oh, mi buen Señor de los mundos, perdóname por tener tanta paciencia conmigo y tener que perdonarme tantas y tantas veces. Ahora reconozco y sé, mi Dios todopoderoso, que no eres solo grande para aplicar tu Justicia, sino que también sé, que todavía eres más grande aplicando tu perdón a todos los que una y otra vez, reconocemos nuestros errores y nos arrepentimos.

Cristo Maestro Andar.

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